The New Economics for Industry, Government, Education

No sé dónde vi recomendado este curioso libro de William Edwards Deming, un sr. creo que desconocido para el gran público, pero famoso en círculos económicos y que al parecer podría ser el bisabuelo de todas las modas ágiles/lean/etc. que están en boga últimamente.

La redacción es lo que más llama la atención del libro. Deming no podría ser más imperativo y técnico, incluso dentro de lo que suele ser un libro técnico, y eso distrae.

El contenido del libro es interesante y aunque a veces parece sentido común, es de ese que no es tan común como debería. Sí que está formulado en unos términos pelín grandilocuentes (“The Deming System of Profound Knowledge”, vaya) y puede resultar un tanto reiterativo como otros tantos libros que nos venden una idea una y otra vez con distintos ejemplos.

Me es difícil decidir a quién rcomendar el libro; supongo que a los que quieran profundizar en los orígenes de todo lo que vemos hoy en día, aunque quizá existan materiales más fáciles de leer y didácticos.

Designing Data-Intensive Applications

Creo que una métrica fundamental de un libro técnico es su periodo de vigencia, especialmente en contraste con su precio y tamaño.

Aunque me parece poco probable que este “DDIA” tenga una vida tan larga como pongamos “The Mythical Man-Month”, que a sus 45 años muchos aún deberían leer, creo que es un libro que puede ser útil durante quizá más de una década. Proporciona una visión bastante general sobre el mundo del almacenado y procesado de datos, con el nivel de detalle suficiente para poder evaluar y comparar las diferentes tecnologías existentes para poder tomar decisiones informadas.

El libro está razonablemente escrito, y puede leerse tanto secuencialmente como ser usado como referencia, o incluso como índice para localizar material más detallado gracias a las extensivas bibliografías de cada capítulo.

Quizá lo que más he echado en falta es un análisis más claro sobre los límites y carencias de algunas tecnologías, confiando mucho en que el lector sabrá deducir y contextualizar. A pesar de esto, recomendaría este libro a todo aquel que trabaje con sistemas que necesitan almacenar datos para tener una visión general a la hora de escoger tecnologías.

The Vast of Night

El a menudo infravalorado catálogo de Amazon Prime a veces depara sorpresas, como The Vast of Night, una peli que ha tenido bastante éxito en festivales, pero de la que probablemente no hayáis oído hablar.

Se trata de un homenaje experimental a los OVNIs, la vida rural estadounidense, la radio y las centralitas telefónicas (y yo diría que en el orden inverso al que he usado).

La hija de la operadora de la centralita y el DJ del pueblo fluyen en una noche llena de misterio, labrado sobre el uso de los medios.

El primero y más espectacular, una centralita cableada, al parecer reconstruida hasta ser funcional para el rodaje, que permite que la actriz protagonista luzca espectacularmente un fluido manejo de los cables en una interpretación física extremadamente destacable. El funcionamiento de la centralita se establece como un sorprendente elemento dramático y narrativo que por sí solo, ya merece sentarse a ver este experimento.

También destacan la emisora de radio y una grabadora; en particular la película juega con la imagen (o más bien, la falta de ella) para ponernos en la piel de los personajes invisibles y mudos que siguen la acción de la noche. Estos juegos se combinan con una realización muy atrevida llena de contrastes entre planos secuencia inverosímiles y diálogos radiofónicos en plano fijo que misteriosamente te mantienen enganchado.

The Vast of Night no acaba de explotar en sus 90 minutos, en gran parte porque pone en un lejano segundo plano detalles como el argumento, que pese fluir adecuadamente y gozar de despliegue de recursos narrativos, no da mucho de sí. Pero es una película diferente, refrescante y que sorprende y enriquece a partes iguales, que merece que nos sentemos a oscuras para juzgar el éxito del experimento.

ISOs y USBs

Acabo de instalar un Windows mediante Ventoy. Ventoy te formatea un USB te mete una partición con su bootloader y te deja una partición vacía. El bootloader detecta ISOs botables en esa partición y te saca un menu al arrancar para escoger una.

Esto te permite tener varios ISOs en el mismo USB y no tener que reformatear e instalar cada instalador nuevo que queramos usar.

Ya existían otros sistemas que permiten hacer esto, pero generalmente son sólo para Windows, son complicados o no funcionan bien, pero Ventoy funciona también en Linux y me ha funcionado todo a la primera y sin complicaciones.


Destinos oscuros

Seguimos con los viajes en el tiempo, esta vez dentro de la saga #1 del género; es decir, las pelis donde Linda Hamilton encarna a Sarah Connor.

Casi 30 años después de Terminator 2, una película que aún se me antoja absolutamente redonda y que sigue petándolo desde el milenio pasado, James Cameron produce y el irresponsable de Deadpool ¿dirige? en una extraña combinación que lamentablemente no sale lo bien que podría salir, pero la verdad es que también podría haber salido mucho peor.

La premisa es ingeniosa (sí, en Terminator 2 cambiaron el futuro. Pero total, ¿para qué? La humanidad no tiene remedio), vuelven Gobernator y la auténtica Sarah Connor, pero poco más. Pese a tener un argumento interesante, la narración se queda corta y los actores están entre aburridos y perdidos; con Arnie y Sarah Connor siendo meras sombras de lo que fueron en T2; al igual que las escenas de acción que si bien son imaginativas y no tienen mayores defectos, se quedan a años luz de, por ejemplo, la secuencia en los canales de Los Ángeles.

A destacar cómo consiguen colar Madrid por México (ejercicio comparativo para el lector con ese episodio de El Equipo A, ese otro episodio de MacGyver y la descacharrante secuencia del dos caballos de “Sólo para sus ojos” de 007). Por lo demás, una peli que gustará en gran medida según las expectativas que tengamos. Quizá si habéis visto las otras películas y son tan fiasco como dicen, pues quizá os deje mejor sabor de boca, pero como secuela directa (que parece la intención) de una de las mejores películas de acción de la historia, pues hay que tomárselo con filosofía.

El fin de los tiempos

Se hace difícil escribir sobre El Ministerio del Tiempo sin la certeza de saber si el episodio emitido el pasado martes habrá sido el último y definitivo.

Pero asumiremos que sí, porque todo parece indicar que así ha sido.

Los viajes en el tiempo, en prácticamente todas sus modalidades, son un recurso narrativo muy atractivo, pero a la vez muy arriesgado. Como mínimo, provoca cefaleas (véase Primer); algo que no es de extrañar cuando se juega con algo que los seres humanos no entendemos como la naturaleza del tiempo.

La experiencia nos dice que la mejor manera de salir airoso en estos asuntos es aprender a tirar por la ventana cuando conviene la coherencia cuando esta no es más que un obstáculo a la hora de contar una buena historia.

El Ministerio del Tiempo adopta esta sana estrategia, pero diríase que se pasa varios pueblos con ella. La verdad que lo aceptamos, porque la idea de la serie es la sugerente mezcla de un concepto como el funcionariado con los susodichos viajes en el tiempo, en forma de puertas que permiten acceder a distintos momentos que son controladas por un ministerio secreto del gobierno de España.

La premisa se completa con la misión de proteger la historia (que a menudo no queda muy claro de qué). De esto se encarga el ministerio con sus patrullas y sus misiones, lo que da pie a todo tipo de aventuras (acción, thriller, etc.) a lo largo de varios siglos.

Esto suena a idea cojonuda, y de hecho lo es, y la serie a menudo lo borda; especialmente gracias a grandes dosis de sentido del humor y momentos de gran inventiva. Sin embargo, la serie cojea a menudo- el que escribe diría que por falta de tradición en la industria televisiva española en hacer series de este estilo- no estoy muy puesto en el tema, pero comparen los siete párrafos sobre ciencia ficción y TV española con su homólogo yanqui.

Esto se ve sobre todo en que la mayoría de los elementos de la serie están bastante bien, pero encajan poco. El guion flojea a menudo y el reparto no consigue taparlo.

Pero a pesar de todo ello, creo que El Ministerio del Tiempo es una serie imprescindible (al menos en su mercado. Es un producto muy poco exportable, pero al parecer sí adaptable). Como mínimo, la exposición histórica es bastante divulgativa y ya por ello merece la pena sentarse a verla, pero es que además, cuando dan en el clavo, lo clavan de verdad.

Además, está gratis entera, ¿no? Pues háganse ministéricos.

Disquisiciones sobre envolturas donde los gusanos se tornan crisálidas

“The No Asshole Rule” es un libro sobre desgraciadamente quizá la mayoría de entornos sociales en los que participamos; es decir, uno de esos donde hay personajes (mayoritariamente en posiciones de poder) que amargan la vida a los demás.

Me cuesta decidir si recomendarlo. Pese a tratar un par de temas incómodos (¿no serás tu el capullo? ¿puede ser útil un capullo?) y resultar ameno y cortito, el libro parece aportar poco más allá del sentido común y un montón de anécdotas y estudios de esos de comportamiento que sospechosamente dicen exactamente lo que queremos oír.

Pero puede que el valor de este libro sea tenerlo a mano para regalar/recomendar/prestar a alguien que lo necesite, pues a veces 200 páginas escritas por un profesor de Stanford pueden resultar más efectivas que lo que podamos improvisar nosotros mismos (por no hablar del esfuerzo que supone).

Dentro de ese contexto, puede ser una buena inversión dedicar un par de tardes a leerlo y familiarizarnos con su contenido para poderlo prescribir con conocimiento de causa; así que sin ser un libro brillante ni mucho menos, seguramente haya cosas mucho peores a las que nos podemos dedicar en vez de a su lectura.

A caballo drogado…

Aunque siempre defenderé que siempre ha habido televisión de calidad, es innegable que ahora mismo es imposible evaluar toda la producción de series y que hablar de “la mejor serie según tal o tal condición” es un sinsentido, con lo que las críticas deberían hiperventilar un poco menos y limitarse a ofrecernos suficiente información para que decidamos si invertimos nuestro precioso tiempo en un programa u otro.

Pero la verdad que ya me costó no soltar muchos superlativos con The Good Place y ahora me está costando con BoJack. Quizá sea la vergüenza de no saber evaluar objetivamente su transcendencia; ¿son dos reflexiones profundas sobre la vida, el universo y todo lo demás? ¿o son vulgares intentos de pasar conceptos básicos por sesudos idearios?

BoJack Horseman es otra serie de animación con tintes surrealistas (animales y personas antropomórficas conviven) tirando cargas de profundidad a los 90 y a Hollywood (dos personas son estrellas de sitcoms familiares de la época) que intenta indagar en la moralidad y ética (uno de ellos, el protagonista, es un drogadicto que mantiene relaciones tóxicas con todo su entorno- la serie básicamente se fundamenta en rodearlo de personajes interesantes y ver cómo interaccionan) con toques de comedia surrealista. Es posible que sea una de las producciones con mayor densidad de temas delicados por hora (yo diría que 2 o 3), que trata sin demasiados tapujos y de una manera que yo por lo menos no he visto muy frecuentemente.

Si a esto juntamos unos guiones trabajados, con diálogos metralleta y ganas de experimentar narrativamente (hay bastantes episodios temáticos, entre los que destaca uno sin diálogo), tenemos una serie sólida en todos los aspectos que aunque en ocasiones puede dejarnos un poco tocados, creo que ofrece muchos elementos para los que gusten de estudiar la condición humana.