A caballo drogado…

Aunque siempre defenderé que siempre ha habido televisión de calidad, es innegable que ahora mismo es imposible evaluar toda la producción de series y que hablar de “la mejor serie según tal o tal condición” es un sinsentido, con lo que las críticas deberían hiperventilar un poco menos y limitarse a ofrecernos suficiente información para que decidamos si invertimos nuestro precioso tiempo en un programa u otro.

Pero la verdad que ya me costó no soltar muchos superlativos con The Good Place y ahora me está costando con BoJack. Quizá sea la vergüenza de no saber evaluar objetivamente su transcendencia; ¿son dos reflexiones profundas sobre la vida, el universo y todo lo demás? ¿o son vulgares intentos de pasar conceptos básicos por sesudos idearios?

BoJack Horseman es otra serie de animación con tintes surrealistas (animales y personas antropomórficas conviven) tirando cargas de profundidad a los 90 y a Hollywood (dos personas son estrellas de sitcoms familiares de la época) que intenta indagar en la moralidad y ética (uno de ellos, el protagonista, es un drogadicto que mantiene relaciones tóxicas con todo su entorno- la serie básicamente se fundamenta en rodearlo de personajes interesantes y ver cómo interaccionan) con toques de comedia surrealista. Es posible que sea una de las producciones con mayor densidad de temas delicados por hora (yo diría que 2 o 3), que trata sin demasiados tapujos y de una manera que yo por lo menos no he visto muy frecuentemente.

Si a esto juntamos unos guiones trabajados, con diálogos metralleta y ganas de experimentar narrativamente (hay bastantes episodios temáticos, entre los que destaca uno sin diálogo), tenemos una serie sólida en todos los aspectos que aunque en ocasiones puede dejarnos un poco tocados, creo que ofrece muchos elementos para los que gusten de estudiar la condición humana.

¿Dejando en un buen lugar a Un Buen Lugar?

En mi opinión, el propósito de una crítica de una serie de televisión es ayudar a decidir al lector si debe invertir su tiempo en ver una serie, o no. Esperar a que acabe una serie para criticarla es entonces una apuesta más segura (no corre uno el riesgo de que la serie decaiga justo después y luego le vengan a uno con reclamaciones), pero menos útil (si alguien no ha visto una serie en todos esos años, ¿la va a ver ahora?).

Pero aun así, sospecho que The Good Place (2016), a pesar de contar con una ruidosa legión de seguidores (entre los que me incluyo), ha pasado desapercibida para el gran público.

Y es una lástima, porque nos ofrece cosas que pocas otras series tratan.

Si llamamos ciencia ficción a las historias que nos hablan sobre la realidad presente utilizando futuros inventados como metáfora, quizá deberíamos decir que The Good Place es “cielo ficción”, pues utiliza un supuesto indemostrable (hay algo después de la muerte) para hablarnos de la moralidad y ética humanas.

La protagonista, una espléndida Kirsten Bell, se encuentra un día en The Good Place tras una muerta ridícula que completa una vida poco recomendable. Allí, un “Arquitecto” (un Ted Danson con la vis cómica totalmente en forma pese a su blanca cabellera), le explica que va a pasar la eternidad junto con su media naranja mística ideal, un profesor de filosofía moral (William Jackson Harper- desconocido para mí… debió pillarme entre bostezo y bostezo de Patterson).

Con esta premisa, se exploran todo tipo de conceptos morales- incluida alguna recreación animada del dilema del tranvía- y metafísicos (cómo decidir quién va al “cielo” y quién al “infierno”, etc.). Dentro de que lo más natural es que la serie realmente no aporte mucho al tema (llevamos literalmente milenios rompiéndonos la cabeza sobre estas cuestiones), debo decir que al menos opino que la serie consigue integrar muy bien estas discusiones dentro del hilo argumental y a partir de ellas extrae un número significativo de carcajadas, pero quizá para ese tipo de personas que lo analizan todo al dedillo y en tiempo real les pueda resultar predecible.

A destacar las excelentes interpretaciones de la mayoría del reparto, pero en especial de D’Arcy Carden, que encarna a Janet, algo así como la Siri del cielo que en 51 episodios completa un impresionante tour de force de sutileza y diversidad de registros realmente notable. Manny Jacinto interpreta a otro de los personales principales, del que realmente no se puede hablar sin desvelar importantes puntos argumentales que mejor quedan sin desvelar, pero basta decir que lo borda.

Si nos pusiésemos un poco finos, quizá la relación entre Eleanor (Kirsten Bell) y Chidi (William Jackson Harper), que intenta ser uno de los puntos focales de la historia, a mí me dejó un tanto indiferente, pero a parte de eso, The Good Place me parece una refrescante pequeña maravilla televisiva, fundamentada en un trabajadísimo guion, un reparto principal que no decae a lo largo de cuatro temporadas y, en ocasiones, una inventiva visual no desbordante, pero sí muy notable.

Creo que The Good Place puede ofrecer bastante a todo el mundo, sin caer en ninguna trampa de mínimos comunes denominadores ni subestimar en ningún momento al espectador, así que si no la habéis visto… ¡deberíais!

Huyendo a la oscuridad

Aprovechando estar atrapado a 300 kilómetros por hora, un par de notas sobre las dos últimas series de Marvel finiquitadas.

Tanto Cloak and Dagger como Runaways son dos series dirigidas a adolescentes- creo que esto se puede detectar no porque estén protagonizadas por jóvenes, sino por los interminables interludios con música pop dramática que cortan el rollo al menos una vez por episodio.

Cloak and Dagger adapta la historia de un dúo de superhéroes con poderes complementarios- Tyrone y sus poderes de oscuridad y Tandy con sus poderes de luz. Aún con la herencia recibida de haber sido creados a principios de los ochenta (os dejo elucubrar cómo decidieron quién tendría qué poder entre un muchacho de tez oscura y una rubia blanca), en esta adaptación se subvierten un par de clichés y la ambientación en Nueva Orleans le da cierto colorido.

Por su parte, Runaways se basa en un tebeo más moderno (sólo 16 años)- supongo que por eso los protagonistas se dejan un dineral en Ubers (espero que a cambio de una módica compensación por product placement). A destacar el pelotazo de cabecera.

Ambas series se vienen abajo si miramos fijamente el guion, pero proporcionan entretenimiento fácil y rápido. Ambas completan bastante bien sus arcos (dos temporadas de diez para Cloak and Dagger, tres de diez para Runaways), aunque ciertamente es cierto lo que muchas reseñas comentan de Runaways- parece que en la tercera temporada deciden cambiar completamente de dirección, resolver todo lo que se había planteado en las dos primeras y tirar por un camino nuevo- algo que no es problemático, sino sorprendente.

En cualquier caso, dos entretenimientos ligeros que quizá hagan las delicias de los más jóvenes, pero que sólo deberíamos ver una vez vistas todas las series buenas de Marvel y nos encontremos con ganas de más.

El Guasón

Hace como unos veinte años escuché un deliciosamente pedante chascarrillo; el sueño de todo aquel al que le gusta criticar lo popular para resaltar su inteligencia: “esta película contiene cosas nuevas y cosas buenas. El problema es que las cosas buenas no son nuevas y las cosas nuevas no son buenas”.

Desgraciadamente, creo que seguiré sin poderla usar, ya que creo que no hay suficientes cosas nuevas en Joker como para soltarla.

Como podéis intuir, esa peli ultrapopular que lo ha petado en la taquilla me ha parecido una soberana pérdida de tiempo y he venido aquí a explicaros por qué.

El Joker es el villano clásico de Batman con lo que a priori no parece descabellado hacerle una película- especialmente si es necesario saturar el mercado con películas de Marvel y DC. Pero en contra de muchos, no creo que sea un problema hacer una película sobre un psicópata violento con sangre y vísceras. Aburre la insistencia en interpretar que toda película es un entusiasta abrazo del ideario del protagonista. El problema es lo poco que se ofrece al espectador en dos horas.

Sí, Joaquín Phoenix compensa el sufrimiento de quedarse en los huesos pasándoselo teta en pantalla y luciendo sus clases de interpretación corporal de la escuela Kate Bush. Sí, con millones de dólares puedes tener una excelente fotografía. Sí, hay estilosa violencia sin sentido. Pero la película carece de cualquier otro punto de interés que los que os he resumido en dos líneas. El argumento es completamente lineal. Los recursos narrativos se reducen básicamente a narración no fiable- algo completamente inesperado en compañía de gente que está como unas maracas. Nada, absolutamente nada que justifique las pretensiones del cerebro detrás de Resacón en las Vegas.

Podría argumentarse que es cine de superhéroes, palomitero y poco más. Que pongamos las pelis de Los Vengadores no funcionan demasiado bien como arte y ensayo. Pero si bien en estas podemos adivinar siempre el final (buenos y Hollywood, poco más hay que decir), en Joker se avanza lentamente con un monótono GPS hacia un destino sin más drama que ver a alguien desperdiciar su talento intentando tapar carencias de guión (no estoy muy puesto en la filmografía de Joaquín Phoenix- sólo puedo recomendarle en “Todo por un sueño”. Evitad Gladiator y Her). Yo diría que esto no es cine de superhéroes- es un estudio de la enfermedad mental, una arena donde tienes que competir con cucos y Kubricks que te lo van a poner muy difícil para no quedar completamente mediocre.

Si no habéis visto unas diez veces La Naranja Mecánica, vale más la pena revisarla y encontrarle algún puntito más que se nos había pasado por alto. Y una vez hecho eso, poco más que indignación os sacará esto.

Jessica Jones y sus fabulosos amigos

Tras tres tremendas temporadas, el malvado ratón echa el cierre a Alias Investigations y me deja sin una de mis series preferidas de los últimos tiempos.

A tres años de poder beber en su país, la Jessie es un personaje reciente y fresco de Marvel creado por Brian Michael Bendis, que tiene cinco premios Eisner en su casa. Quizá de ahí deriva el frescor de la serie (en comparación, Spider-Man está a punto de cumplir los sesenta pero, oh maravilla de las cronologías tebeísticas, iba al cole con la susodicha). Jessica Jones está dotada de superfuerza, alcoholismo y voz en off que (supongo que por este último elemento) se mete a detective privado.

Tras el prometedor éxito de Daredevil, Netflix se lanzó a la piscina de montar un miniuniverso neoyorquino con Iron Fist, Luke Cage y Jessica, todos en una escala de poder bastante baja (y por tanto, que requieren menos presupuesto) y lejos de la popularidad de los Iron Man de turno.

Jessica Jones fue la segunda y como no podía ser de otra manera, de las artes marciales combinadas con la abogacía de Matt Murdock, nos vamos a la novela negra tirando a escabrosa con pinceladas de superpoderes. Para ello se fueron a buscar a la novia heroinómana de Breaking Bad, una estupenda Krysten Ritter que podría pasar por agente de la Continental si no fuera por la misteriosa ausencia de humo de cigarrillos en el Nueva York contemporáneo que habita.

Pero por lo demás, nos hallamos ante un noir en toda regla con investigaciones, deducciones, interrogatorios y el ocasional trastorno psicopático violento que hace que si bien Jessica Jones no sea la sangría visceral de The Gruñisher, sí sea en episodios perturbador, tanto a un nivel psicológico como físico.

Con todo esto, sorprendentemente, a diferencia de lo que vemos en Dan Defensor, donde los buenos son aburridos y todo el interés recae en los villanos (aún no he podido digerir que el Recluta Patoso sea el Kingpin), aquí es el elenco que acompaña a la Jones el que centra el argumento. Los villanos no son más que vehículos del cambio para los héroes, antihéroes o recontrahéroes, que incluyen a su hermana adoptiva, una ex-estrella infantil metida a locutora de radio; la madre de ambas (hasta que no acabé la serie no vi que esta es Rebecca de Mornay, muy cambiada desde su prostituta en 1983 de Risky Business), una despiadada abogada de altos vueltos (Carrie-Anne Moss; es decir, Trinity), un vecino drogadicto y unos cuantos más que se ven inmersos en las peligrosas tramas en las que Jessica se ve envuelta cual insecto atraído por la luz.

A lo largo de tres temporadas que empiezan todas ellas pausadamente, introduciéndonos a buenos, malos y colocando todas las piezas ordenadamente, se desarrollan varios arcos de los personajes, que resultan interesantes por su guion y creíbles por las fantásticas interpretaciones de todos ellos. Hacia la mitad de todas las temporadas se comienzan a desatar eventos que hacen que sea la mar de complicado impedir que Netflix nos reproduzca todo el segmento final de la temporada non-stop.

Por todo esto Jessica Jones es una serie que sólo los estómagos delicados deberían evitar. Hay suficientes elementos entre thriller, investigación, drama que hay algo para todo el mundo. Incluso las escenas de acción son interesantes ya que consiguen mantener el interés (la Jessie reparte hostias como panes y es dura de pelar- dura de pelar- pero no es absurdamente superpoderosa como para que sea complicado ponerla en un aprieto) y no aburren.

Por tanto, son 3×13 episodios que debéis ver. Eso sí, hay que planificarlo bien para poder ver la parte final de cada temporada seguida… por si acaso.

¿Faltan cinco maravillas? ¿Cuatro?

Mucho se ha estado hablando estos días de cómo la vigésima película del MCU es la primera protagonizada por una mujer (Brie Larson, para ser precisos, exhibiendo un carisma prácticamente ilimitado), pero dejadme apuntar que hay un precedente de una película Disney muy reciente protagonizada por una ¿mutante? prima hermana de Bobby Drake. Me refiero por supuesto a Frozen, que es la peli de animación Disney (Disney Disney; Walt Disney Animation Studios) que más dólares ha generado para los del ratón (soy tramposo, sí. Según Box Office Mojo podría ser la duodécima que más gente ha visto en un cine, con aproximadamente la mitad de espectadores que Blancanieves. No es mi culpa que el único ránking de taquillas del que se habla es erróneo).

¿Ha descubierto Disney que tienen un grupo demográfico muy importante que quiere verse con superpoderes en la gran pantalla muy… abandonado?

Sea como sea, aquí tenemos a la Capitana Marvel- otro personaje del rollo cósmico que, salvo jamesgunadas aparte, en general me aburre.

Pero nada de eso. Aunque la película tiene elementos galácticos de los que me aburren, en general es una road movie entre una superlativa Brie Larson y un entretenido Samuel L. Jackson, atiborrado de referencias noventeras y un atrevido sentido del humor que sólo chirría en un par de ocasiones.

Además, el argumento tiene su miguilla y hay bastantes escenas de acción la mar de entretenidas (que cojean cuando se ponen más boladedragonescas, eso sí, pero afortunadamente no hay mucho de eso). En comparativa con la otra película de género (de superhéroes), no llega a la épica ese par de escenas de Wonder Woman (la de la playa y la de las trincheras), aunque el flojo acto final de Wonder Woman lastra a Diana y la pone detrás de la mucho más consistente Carol.

¿Qué más se puede pedir? Pues no sé. Es de las pelis de Marvel que más me ha gustado (X2, Spiderverse, los Deadpools, los GotG son las que creo que he disfrutado más, y la diversión de los Ant-Man y Thor 3 no está mucho más lejos…). Así que id a ver a la Capitana Maravilla (y sobre todo, esperad a las *dos* escenas post créditos).

De rápsodas, niñeras y arañas

Una inusual racha de palomitas merece un inusual post.

La nota breve para El Regreso de Mary Poppins (hubiese preferido Mary Poppins Harder); Rob Marshall decepciona (dirigió Chicago a parte de una larga carrera en Broadway), Lin-Manuel cansa (la primera vez que le vi fue en Modern Family y fue extremadamente premonitorio), Meryl Streep sobra y… el resto hace lo que puede con un guión flojo flojo. Igual es que me han extirpado la infancia, pero yo creo que me ponen la original otra vez y la disfruto bastante más que esto.

Sigue Bohemian Rhapsody; disfrutar de la música de Queen en unos altavoces de cine durante la mayor parte de dos horas y cuarto asegura el disfrute, y el resto tampoco está nada mal. Lástima de verla doblada (sospecho que en VO gana bastante), que haya visto horas y horas de Rami Malek interpretando otro papel (el resto de intérpretes, para mi desconocidos excepto Meñique y Mike Myers, desaparecen en sus papeles), y que al parecer tuvo una accidentada producción (Bryan Singer fue despedido a media producción- seguro que si hubiese seguido hubiesen habido aún más gatos), porque probablemente estaríamos ante palabras mayores. Igualmente, si no tenéis un sistema de sonido acojonante en casa, aprovechad el del cine.

Por último, “Spider-Man: Un nuevo universo” (en original “Spider-Man: Into the Spider-Verse”, mucho más descriptivo), de los notables Lord y Miller.

El cómic y la animación son medios mágicos donde todo es posible y, pese a los progresos de los efectos especiales, todas las películas de acción de real basadas en cómics tienen un gran obstáculo inicial en pasar del papel a la carne y hueso. Curiosamente, el medio más natural, la animación, siempre se ha visto relegado a adaptaciones menores a televisión, y nunca ha tenido los presupuestos astronómicos del cine.

No sabemos muy bien por qué, alguien en Sony (y más curiosamente aún, no en Disney), ha tenido la idea de hacer una peli del trepamuros con animación, poniéndole medios y más medios hasta parir este brutal viaje ácido cuántico, metafísico y chiripitifláutico donde la (magnífica) animación se estira para, por fin, que los héroes del cómic cobren vida en la gran pantalla sin concesiones. No sólo sin concesiones, sino a lo grande, con una historia ya inverosímil en los cómics: Spider-Man es una entidad multidimensional que se manifiesta en muy diversas formas en diferentes universos paralelos, desde un cerdo que habla (Peter Porker, The Amazing Spider-Ham) hasta en una niña anime con un mecha arácnido (pasando por anodinos Peter Parkers), que por supuesto pueden confluir espectacularmente. Algo que muy, muy probablemente hubiese sido un descarrilamiento épico en acción real aquí se vuelve un espectáculo visual que si bien sigue siendo inverosímil y sospechoso, nos deja pegados a la butaca.

Quizá la peli tiene sus defectos (los que como yo estéis anclados en otras épocas musicales, dejaos llevar un poco), quizá hace falta que se hagan unas cuantas más como esta para pulir la fórmula y transcender, pero quizá nos hallemos ante un espectáculo único e imprescindible. Id a disfrutarla en la pantalla más grande que encontréis e intentad apagar el espíritu crítico un rato para gozar el resto al máximo.

El futuro ya está aquí

Problemente algún amigo de Spike Jonze le enseñó un prototipo de unos auriculares “verdaderamente inalámbricos” y le vino la inspiración para la terrible “Her” de 2013. Luego vendrían el Moto Hint en 2014, los Bragi Dash de 2015 y finalmente los AirPods de Apple en 2016 que trajeron la verdadera inalambricidad a las masas.

Yo he esperado hasta que los Jabra Elite 65t tuvieran estupendas reseñas y estuviesen de oferta (130€) para subirme al carro de una tecnología intrigante. No estoy muy puesto en el tema, pero al parecer conseguir dos miniauriculares inalámbricos es bastante complicado, así que seguro que hay todavía más avances por delante. Espero especialmente los AirDots de Xiaomi, que seguro que son usables a un precio mucho menor de los otros auriculares de los que hablo.

En cualquier caso, es una tecnología incipiente, pero los Elite funcionan la mar de bien, aunque:

  • ¡No tienen botón de mute! No es tanto problema, pero no te libera totalmente del dispositivo emparejado
  • El truco de conectar dos dispositivos a la vez no funciona con dispositivos que no tengan Bluetooth 5. No sé si con que uno de los dispositivos sea 5 basta o han de serlo ambos, con lo que los cambios de dispositivo son bastante incómodos (mantener el botón del auricular derecho pulsado unos 10s y darle a emparejar en el dispositivo).
  • Que sean dos aparatitos pequeños sin cuerda tiene sus limitaciones. No se pueden dejar colgando del cable y esas cosas
  • La aplicación de móvil no es completamente fiable y a veces se cierra, causando pequeños problemas de funcionalidad (deja de funcionar el modo “dejar pasar audio externo al pulsar el botón del auricular derecho dos veces”). En general es bastante mejorable

Por contra, tienen cosas interesantes:

  • Los controles son la mar de intuitivos. Siempre he tenido problemas con los auriculares Bluetooth, pero estos son absolutamente fáciles de usar
  • La calidad de sonido es excelente (al menos para oídos muy poco sofisticados)
  • Los modos de dejar pasar sonido y de “escuchar tu propia voz en una llamada” funcionan bastante bien, aunque el “dejar pasar el sonido” introduce un perceptible ruido blanco de fondo
  • La caja cargadora es la mar de práctica (aunque no es USB-C)

y mi mayor preocupación, que los auriculares con silicona no me funcionan muy bien, no es para tanto. El ajuste es bastante bueno y aunque dan un poco de calor y cansan en usos prolongados, son bastante cómodos.

Creo que la tecnología aún no está del todo a punto, y que hace falta que se extienda más el Bluetooth 5 y estos aparatos bajen de precio para que rompan el mercado, pero aún así, los más inquietos pueden lanzarse a la piscina con bastante tranquilidad.

Notificaciones en la muñeca

La vida es dura cuando a uno le gusta ser discreto, pero a menudo no se entera que hay algo vibrando en su bolsillo. Para subsanar esto, hace un año comencé a usar una Mi Band 2; otro cacharrito de Xiaomi que resuelve problemas a una fracción del coste de su competencia.

La Mi Band 2 me ofrecía una funcionalidad primordial: vibración en la muñeca cuando recibo una notificación del móvil. Tiene funcionalidades de eso de la vida sana; pulsímetro, pedómetro y contabilidad del sueño, que uso casualmente (me hace gracia mirar los datos de tanto en cuando, pero poco más), así que realmente para mi tienen poca importancia. Sin embargo, a pesar de que resuelve el tema un poco… la solución se queda un poco corta.

Sólo las llamadas de teléfono ofrecen alguna información contextual (el contacto que te llama). Todo lo demás, casi nada; para ciertas aplicaciones se muestran iconos específicos, pero no hay manera de saber quién te envía un Whatsapp o qué alarma está sonando. Aparentemente existen soluciones para mejorar esto, pero yo sólo probé las gratuitas sin éxito.

La Mi Band 3, en cambio, promete texto de las notificaciones, así que entró en mi wishlist rápidamente, pues sigue teniendo un precio muy inferior a cualquier otro producto “fiable” comparable (e.g. tampoco me voy a liar a pedir cosas a Aliexpress de marcas desconocidas).

Y cumple. Pero como la 2, con limitaciones. Principalmente:

  • El interfaz es muy poco ágil. Sólo tiene “swipes” en cuatro direcciones, pulsación corta y pulsación larga, lo que hace que cualquier interacción sean bastantes pasos. Por ejemplo, descartar notificaciones anteriores es: pulsación corta, un swipe arriba, swipes a la derecha hasta leerlas enteras, pulsación larga.

    No es terrible, pero…

  • Además, no hay más posibilidad que descartar. Todas estas modernidades de los productos que cuestan dinero, pues no

Por lo demás, es un producto que cumple su función, tiene algún bonus, te puedes despreocupar del consumo de batería (al menos ahora que está nuevo) y… de nuevo, cuesta muy poco dinero- poniéndola en la categoría de “si sale mal no pasa nada”, que es una categoría la mar de interesante.